Hay quien opina que Kamasi Washington, saxofonista y compositor nacido en 1981 En la ciudad de Los Angeles, ha venido al mundo para rescatar el jazz del marasmo y, como prueba, su nuevo disco, “Heaven & earth” editado por Young Turks (el mismo sello de FKA twigs o Sampha). 144 minutos apasionantes/abrumadores de música divididos en 2 bloques temáticos: “Earth”, conteniendo el repertorio más Funky/festivo, y “Heaven”, con las piezas más intimistas. “La nueva epopeya del saxofonista”, escribe Silvio Essinger, “es una reelaboración de buena parte de lo que el jazz produjo de mejor entre los años 1950 y 1970 con una sensibilidad contemporánea”. Y es que, bajo la sotana de Kamasi, más allá de su elocuencia formidable, existe una mano rectora que pone orden y administra tiempos. “La cuestión”, asegura el saxofonista, “es mantener siempre los pies en el suelo”.

Kamasi Washington encarna como nadie los valores y contradicciones del jazz en el nuevo milenio. Es explosivo y etéreo, místico y mundano, cielo y tierra, aire y fuego… su visión de la música, y de la vida, es de largo alcance. “A veces se me recrimina que haya metido en un mismo espacio una orquesta sinfónica, un rapero, un coro y un conjunto de jazz… la pregunta es: ¿por qué no habría de hacerlo?”. Si algo está claro, es que el líder espiritual del jazz en el Siglo XXI no le tiene miedo a nada. “Los límites se los pone uno mismo”, ha declarado el saxofonista. “Es momento de devolver a la música de jazz su épica”. Lo importante: que con K.W., el jazz ha dejado de ser la música solo al alcance de unos pocos privilegiados para convertirse en flor de juventud, divino tesoro. “No sé lo que significa la palabra “jazz” en este momento”, ha declarado el susodicho, “pero tengo que buscar mi propia definición”. En ello está

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